Mencionar a Cuautitlán a menudo evoca su estatus urbano y ferroviario, sin embargo, sus raíces más auténticas reposan en los pueblos históricos que conforman la periferia municipal. San Mateo Ixtacalco es, indiscutiblemente, uno de los más ricos en herencia cultural.
El Significado Físico y Espiritual
El nombre de Ixtacalco proviene del náhuatl y significa "En la casa de la sal" (Ixtatl: sal, Calli: casa, Co: en). Esta toponimia no fue casual; durante la época en que la Cuenca de México estaba dominada por lagos, las aguas salitrosas de la región se aprovechaban para la extracción y evaporación de salmuera que comerciaban con pueblos vecinos. Luego, con la llegada de los jesuitas y franciscanos se añadió el sufijo de San Mateo, el recaudador de impuestos de los apóstoles bíblicos, logrando el sincretismo clásico mexicano.
De Santuarios Históricos a Jardines Reales
El núcleo arquitectónico de Ixtacalco está dominado por la Parroquia de San Mateo Apóstol, construida en varias fases durante la colonia española del siglo XVII y XVIII. Cuenta con una típica arquitectura franciscana rural de enormes muros de piedra braza y un campanario macizo.
Más allá de lo religioso, San Mateo es tierra de inspiración. Fue entre estas calles polvorientas, magueyes y cielos claros donde nació y creció Don Luis Nishizawa Flores, uno de los máximos exponentes del paisajismo mexicano del siglo XX. Gran parte de su paleta de colores ocres y tonos azulados del amanecer provienen directamente de su crianza visual en esta zona agrícola.
Pirotecnia y Ferias Patronales
En años recientes, San Mateo Ixtacalco ha ganado enorme fama regional por sus espectaculares ferias patronales celebradas en los últimos días de septiembre. Las fiestas involucran la instalación de enormes estructuras mecánicas conocidas como Castillos Pirotécnicos, y las quemas de "Toritos", lo cual convierte el lugar en un espectáculo de luz y pólvora que rivaliza con su vecino de Tultepec.
San Mateo sobrevive hoy equilibrando las exigencias de la modernidad en Cuautitlán, sin perder el orgullo pueblerino y cooperativo que durante siglos lo ha mantenido como un núcleo histórico invaluable.